miércoles, 16 de mayo de 2018

Al futuro que me (des)espera


A ti, futuro,
que vienes encubierto
de expectativas 
y formas de vidas
simétricas
que se compran 
y funcionan 
con dinero que sangra,
que cuesta muchas lágrimas
y pocas sonrisas.

Si vas a venir así,
no vengas,
que yo me quedaré (en) PRESENTE,
viva,
desnuda,
columpiándome, 
hasta perderte de vista
y dejar de sentir
que se me escapa 
la vida
persiguiendo a los fantasmas
que se ocultan
tras tu nombre.


domingo, 29 de abril de 2018

¿Me limpias los miedos?



Me atrevo a decir que los miedos son el nuevo tabú de nuestro siglo. Hablo de los MIEDOS en mayúsculas, no de esos otros miedos superficiales, de los que se habla, como pueden ser el miedo a la oscuridad, a las películas de terror, a viajar en avión, o a viajar, a secas, a hablar en público o a enamorarse, por poner algunos ejemplos. Eso es solo la punta del iceberg, que se aleja mucho de sus raíces.
Nos buscamos, o no, pero nos acabamos encontrando; en los espejos que nos reflejan, esos que nos permiten mirarnos a los ojos, aunque no veamos nada, porque nos han enseñado a mirarnos desde el lugar equivocado para que perdamos los detalles. Nos pasa eso de mirar a través de una ventana que conduce a un paisaje maravilloso y quedarse solo con la mancha que hay en el cristal. Cuestión de perspectiva, o de intereses; ¿quién sabe?
A fin de cuentas, cada cual ve el mundo en base a cómo es y a su alimentación, y no hablo del acto de ingerir comida; y su discurso está graduado, como la vista, puede servirte o desvirtuar tu realidad, y a nadie le gusta eso. El camino solo podemos marcarlo nosotros desde nuestros pasos, mediante nuestros ojos, desde esa soledad tan bonita que tanto nos cuesta abrazar porque en el fondo nos aterra.
A menudo, siento que llegados a un punto, si piensas demasiado e intentas reinventarte, puede  que se te desborden los miedos y nadie pueda sostenértelos, que les queden grandes, ¿y entonces qué? ¿Qué hacer cuando otros ojos tampoco pueden sostenértelos? Ya puedes buscar en google, que no encontrarás una receta universal para esos MIEDOS. A veces pesa, sientes que te ahoga. Una presión en el pecho y la falta de aire lo expresan por ti. A mí me pasa. La mayoría de veces nadie lo nota y sigo hablando apresuradamente, con una sonrisa, para ver si el miedo se camufla en ella o se evapora al ritmo y a la velocidad que marca mi voz. Pero sigue ahí.
Todo esto me resuena. Me da la impresión de que a veces camino por la vida y me cruzo con otros ojos con los que mantengo un diálogo silencioso que suena así como:
                “ - ¿Me limpias los miedos?
                - Perdona, yo también estoy sucio. “

No te asustes, escribo para mí y para ti, y para esa otra persona que se esconde detrás de todo o para él, que por alguna razón ha llegado a estas letras; pero no te creas nada, probablemente sea todo mentira…

sábado, 6 de enero de 2018

La voz de las burbujas


  
Recuerdo cuando fuimos al parque aquella mañana soleada de Diciembre y decidimos hacer pompas de jabón. Me imaginé que cada burbuja incipiente eran todas esas personas que aparecieron en mi vida en algún punto del camino, y su trayectoria, las historias vividas. Todas salían de mí cuando, muy cuidadosamente, entreabría mis labios y dejaba emanar de ellos un sutil soplo de aire, para darle impulso a esa historia que inmediatamente acontecía ante mí. Algunas se estropeaban en cuanto nacían, otras nunca llegaban a nacer y otras crecían y volaban lejos hasta perderse entre las ramas de algún árbol lejano que las sostenía hasta que se desvanecían en una explosión de otros tactos superpuestos. De vez en cuando, algunas nacían paralelas, o se juntaban posteriormente para morir juntas. En realidad no morían, simplemente se transformaban y pasaban a ser parte de la existencia que nos sostiene a todos.

De vez en cuando sentía el deseo de abrazarlas fuerte, puede que sintiera la necesidad de apegarme un rato y perderme en ellas sin pensar en nada más. Pero luego recordaba lo que eran: lindas y delicadas burbujas de colores a las que no podía aferrarme, pues de hacerlo explotarían y se perdería antes de tiempo la belleza que tanto admiraba contemplar. Las veía seguir su curso, acariciándolas con la mirada.
No te contaba mis pensamientos en ese momento; tú escribías en la mesa delante de mí mientras nos deleitábamos con una taza de chocolate caliente demasiado espeso que suavizamos con un poquito de leche. Más tarde, te pusiste a mi lado y empezamos a soplar juntas; cada una creaba las suyas, sus historias, y volaban lejos. Alguien nos pidió si podíamos soplar historias para él y nosotras le regalamos unas cuantas que quiso capturar con ese ojo que todo lo ve y todo lo guarda. Era tan lindo observar como algunas se daban la mano y paseaban juntas por las nubes. Pensé que eso era el amor: soltar sin miedo y observar la belleza que se crea sola y sin límites.

Nosotras también éramos ese proyecto de burbuja que en algún momento del futuro soplaríamos desde algún lugar para tener nuestro momento en la vida. Creamos tanto… Veía todas esas burbujas integrándose en el ambiente, bailando entre ellas, tocándose, perdiéndose y encontrándose. Pensé que era un precioso regalo que estuviéramos compartiendo ese momento y me pareció tan lindo que pensé que algún día lo escribiría.


Seguro que nuestra burbuja será grande, brillará de mil colores y volará alto y lejos, hasta renacer en algún mar lejano en el que podrá bañarse y expandirse para que otros sientan su luz.

domingo, 12 de noviembre de 2017

Ojos que son ventanas

He visto ojos,
que son ventanas,
enseñarme paisajes 
maravillosos.
He visto a la felicidad 
brillar en ellos
y bailar con el corazón 
fuera del pecho,
así como abrazando 
la vida.
He visto ojos,
que son ventanas,
llorar sin freno
Para sacarle brillo
a los cristales sucios,
esos que, si no limpias,
te ciegan
y no te dejan ver
la magia que se esconde 
en el desván;
y a oscuras,
nadie se atreve
a verla.
He visto en esos ojos,
que son ventanas,
la vela que nos falta
para iluminar el mundo.

lunes, 25 de septiembre de 2017

El día en que la libertad vino a verme

En algún lugar de aquel bosque
encantado
se me paró el reloj, 
y apenas me di cuenta 
de lo tarde que se había hecho 
cuando apareciste de la nada. ¿Recuerdas?
De repente 
me vi pequeña 
entre aquellos troncos de bambú 
y quise colgarme de ellos 
como un koala. 
Pero, en su defecto, 
me colgué de ti. 
Te gustará saber que lo recuerdo 
a menudo. 
Cuando los paisajes son verdes 
y los días soleados;
cuando mis ojos 
te buscan 
en el color verde esperanza 
y se me aceleran los pies 
y los latidos;
cuando la vida te susurra que me pienses. 
Piénsame
para que exista(n), esos castillos de arena 
que construíamos juntos 
donde rompían las olas 
y las palabras 
mientras nos arreglábamos los miedos
que nos habían contado.


lunes, 18 de septiembre de 2017

En blanco y negro



Me queda la palabra,

pero limita la esencia,

se deshace y muere en tus labios

para no volver.

Me queda la palabra,

pero etiqueta,

mide,

encierra y limita.

Pues

ya ves,

me queda la palabra,

pero quizá

no nos entienda.

Y luego, me quedan tus ojos,

que la desnudan,

traducen,

liberan... ¿Y si los cierras?

El todo o la nada;

el blanco y el negro.

domingo, 10 de septiembre de 2017

[Nadando entre dualidades]

Frágiles,
somos tan frágiles,
que nos cabe la fragilidad en una mano.
Si apretas un poco
puede que se rompa
aquello que ocultabas.
Quizá, tú te rompas con ello.
Es tan fácil que pase,
tan fácil romperlo,
que podría asustarnos.

O puede que la tristeza,
paradójicamente,
nos haga sonreír.

Romper(se)- arreglar(se). (Re)componer(se). Así,
con otra partitura,
Con otra musicalidad.

Suena bien.